BOLIVIA
Terror blanco y tambores de guerra
POR NIDIA DIAZ
Todo está previsto para que, este 4 de mayo, las fuerzas de la extrema derecha santacruceña realicen su aberrante decisión de consumar un insconstitucional referendo autonómico y quebrar la unidad nacional de Bolivia, como pretexto para poner fín al proceso liberador que lleva adelante el gobierno de Evo Morales.
Pocos dudan a esta altura de que para conseguirlo, la burguesía agroexportadora atrincherada en el llamado Comité Cívico está dispuesta a emplear el terror —ya lo ha hecho—, e incluso provocar un escenario de violencia en el que puedan ser inculpados el gobierno y las fuerzas que lo siguen.
El prefecto cruceño, Rubén Costas, y el gobierno de los Estados Unidos que lo ha estado apoyando bajo cuerdas, sabe que la comunidad internacional rechaza tales intentos separatistas, convencida de que no se lograría sin una guerra fratricida.
La consulta popular ha sido convocada sin legitimidad alguna. Se opone en letra y espíritu a la Constitución del país, no ha sido reconocida por la Corte Nacional Electoral, fue calificada de ilegal por el relator especial de Naciones Unidas, Rodolfo Stavenhagen, y acaba de recibir el rechazo del Consejo Permanente de la OEA ,que ratificó, además, su respaldo al gobierno democráticamente electo del presidente Evo Morales, mientras la Unión Europea les negó el envío de observadores internacionales.
Y por si fuera poco, unos 800 jurados electorales, llamados por la Corte Departamental de Santa Cruz para trabajar en el referendo se excusaron para no asumir esas funciones, al tiempo que crece la certidumbre de que si no hay represión la abstención campeará en las urnas.
El prefecto Costas y su carnal Branco Marinkovic, presidente del Comité Cívico y uno de los arquitectos del movimiento racista y oligárquico conocido como Nación Camba, saben que sólo usando la violencia extrema lograrán imponerse este 4 de mayo. Cuentan para ello con un brazo ejecutor, el llamado Comando Camba, que está integrado por el empresariado, los latifundistas y los jóvenes fascistas de la Juventud Cruceña, responsable de los peores desmanes contra la población indígena en ese departamento.
Sergio Cáceres, periodista boliviano, en un comentario de prensa, escribió: "Pero no les neguemos a los Cívicos el beneficio de la duda. Es posible que el referéndum sea un éxito y dé la victoria a los autonomistas. En ese caso, la pregunta que deberá hacerse el ciudadano es, ¿qué pasará a partir del 5 de mayo? ¿Es cierto que Santa Cruz será independiente? ¿Tendrá su propia moneda? ¿Su propia frontera? ¿Habrá nuevos salarios? ¿Nuevos impuestos? ¿Nuevos decretos? ¿Todo nuevo gracias al resultado del referendum? ¿La Unión Juvenil Cruceñista será su nueva policía? ¿Es para eso que irá a votar la población?"
El prefecto Costas ya lo había respondido: "Este 4 de mayo nace una nueva república y habrá un efecto dominó. Después de Santa Cruz, estarán Beni, Pando, Tarija y Cochabamba…". Precisamente la llamada Media Luna Oriental que concentra el 44% del Producto Interno Bruto y los principales recursos naturales de Bolivia. No sin razón, el presidente de la Cámara de Exportadores del Oriente, Ramiro Monje aseguró, que luego del referendo del 4 de mayo, "regirá en Santa Cruz y el resto del país un nuevo modelo económico, el más adecuado para Bolivia".
Nada ha sido dejado a la espontaneidad por la derecha boliviana y sus patrocinadores de Washington. Su ataque al corazón mismo de Sudamérica es un ataque frontal contra la integración y el nuevo modelo económico, político y social que se vienen abriendo paso y que sobre la base de la inclusión y la justicia social, la defensa de la soberanía y el rescate de los recursos naturales ha puesto en crisis al sistema de dominación imperial en la región.
Y eso, dicen, hay que acabarlo a cómo dé lugar. Tal es la lógica de los desplazados del poder, de los que se niegan a perder sus centenarios privilegios, los cuales asumieron por la vía del despojo, el saqueo y el robo, excluyendo a los pueblos originarios y sometiendo a las masas trabajadoras.
El terror blanco, como históricamente se ha denominado a la violencia contrarrevolucionaria, no va a detenerse. Ejemplos son los que sobran, pero el más cercano es aquel aciago octubre del 2003 cuando el expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada ordenó masacrar al pueblo en las calles. El genocida vive hoy cómodamente en su madriguera de Miami amparado por el gobierno de los Estados Unidos.
¿Qué hay detrás de la autonomía y el separatismo?, es una pregunta de obligatoria respuesta para tener una clara visión de lo que está pasando en Santa Cruz.
La oligarquía de ese departamento y otros del oriente boliviano sintió con la llegada al poder del gobierno del MAS que el suelo se movió bajo sus pies, al cambiar las reglas del juego en el tema energético y cuando la Constituyente enfrentó el viejo régimen de tenencia de la tierra. No podemos ignorar que en Bolivia las medianas y grandes empresas monopolizan el 90% de la tierra, cifra que se invierte cuando vemos que el 90% de los pequeños agricultores sólo acceden al 10% de ésta.
Esta injusta realidad es más evidente en Santa Cruz donde un exiguo grupo de familias concentra extensiones en el rango de los centenares de miles de hectáreas y a eso se le suma el hecho de que muchas de ellas no son explotadas. Por ejemplo de unos 16,4 millones de hectáreas, en los últimos años menos de la mitad no se cultivan.
No es casual que los terratenientes cruceños en los que perviven reminiscencias feudales, se opongan a la reducción del número de hectáreas previstas en la nueva Carta Magna y preven que la autonomía a la que aspiran pase por el control departamental de la tierra, sin jurisdicción del Estado Nacional.
De lo que se trata es de que en su inmensa mayorìa, los terratenientes no pueden justificar el origen de sus tierras y el gobierno está resuelto a la legalización de los tìtulos de propiedad, en el camino hacia la creación de las Tierras Comunitarias de Origen, lo que le posibilitará devolver a sus dueños originarios las tierras que le pertenezcan.
Bolivia, no es ocioso recordarlo es, después de Haití, el país más pobre de Latinoamérica, con una pobreza que ronda el 63,9% de su población y con una indigencia del 34,7%; donde la esperanza de vida es la segunda más baja de la región porque allí también se expresa uno de los peores índices de distribución de la región.
Tal fue la herencia que encontraron Evo Morales y el Movimiento al Socialismo. La asumieron convencidos de que era posible revertir en favor del pueblo lo que parecía un histórico fatalismo. Tenían razón. El programa de justicia social puesto en marcha, las leyes decretadas para el rescate de los hidrocarburos, los nuevos convenios petroleros con las transnacionales y el apoyo recibido como miembro de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA), han obrado a favor de lo que antes hubiera parecido un milagro.
Que un indígena haya comenzado a hacer de Bolivia un paìs y no un coto feudal de unas cuantas familias que manejaban a su antojo la vida de millones de siervos, es más de lo que pueden aceptar los racistas bolivianos, que agrupados con sus émulos de Venezuela y Ecuador están dispuestos a todos para detener los nuevos tiempos.
Ojala este mundo en que vivimos esté preparado para apoyar a Bolivia y a su legítimo gobierno si este 4 de mayo de facto, Santa Cruz consuma la balcanización del país.
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